

Una de las características de este viaje es que en general ninguno ahorró esfuerzos para ayudar al de al lado. Destaca por supuesto (para mi) Paco J., porque aparte de llevarnos en coche a Ronda nos animó en varios puntos de la prueba, nos llevó y preparó comida, etc... ¡Muchas gracias de nuevo, Paco!
En cuanto a nuestra convivencia como grupo fue bastante buena, yo desde luego no tuve ninguna queja con la gente con mis compis de casa rural. Durante la carrera no viví la experiencia del grupo, pero seguro que otros nos contarán que fue genial.
Como ya he comentado varias veces no tenía ninguna gana de hacer esta carrera, ni anímica ni físicamente. Sin embargo me puse en la línea de salida preparado para superarla, y a pesar de todo la acabé, y encima podría decir que estuvo bien. Lo mejor de todo acabarla a una hora que me permitió poder descansar, quitarse 8 horas del tiempo límite se nota mucho. Lo de andar durante 24 horas es brutal, ya lo probé, y aunque hay que estar físicamente más fuerte para correr y andar, la parte psicológica de permanecer hasta 23 y 24 horas en la prueba es bestial.


Y no es poco. Bestial. Os copio lo que he contado por ahí:
Por mi parte salí corriendo desde el principio y no paré hasta que vino la primera cuesta arriba en el km4; aún así paré muy poco hasta el km42 al que llegué en 5h15’. Hasta ahí empezó como siempre en dolor en el pubis, acrecentado por la riñonera con la cámara de fotos y la botella de agua, porque cualquier peso en mi pubis me mata. Por eso solo hice fotos hasta el km28, esperando que Paco J. continuara la labor con cámara. Aproveché que la mía me dio batería baja para dejársela a él y algo de peso me quité de encima.
En el km34 volvía a encontrarme con Paco J. con el que me tomé una cerveza bien fresquita. Tiré para adelante y subí andando a buen ritmo la cuesta del km35 al km 39. A pesar de esos tramos andando el tiempo en el km 42 me pareció muy bueno. Sin embargo ahí iba tocado fuertemente y tuve que andar durante casi tres kilómetros, que además hubieran sido buenos para correr, porque no daba abasto: estaba haciendo mucho calor y estaba bebiendo mucho, y por lo que fuera mi estómago volvía a no asimilar bien y tenía muchas ganas de vomitar.
A partir de ahí y hasta el final fue prácticamente así, bastante restado por el estómago, pero las piernas y el resto fenomenal. Intentaba pasar del estómago y correr en algunos tramos favorables, pero el cabrón no me dejaba; además podía ingerir menos líquido, con lo que la cosa se hacía penosa.
Al salir del puesto de avituallamiento del km49 estábamos todos con la esperanza de llegar a Setenil, que es un punto importante de inflexión en el km 52 y pico. Pero aquí cometieron desde la organización un error gravísimo, y es que estaba mal medido, de forma que llegamos a Setenil en el km 58, ¡imaginaros la criba! Yo llevaba el bidón de agua lleno porque como estaba tan mal tenía que beber muy lentamente y poca cantidad, pero hubo gente que se quedó sin agua en nada menos que 5 kms más, ¡qué sería de la gente que lo hacía todo andando! Al menos en este tramo ellos tendrían menos demanda de agua, dado que llegarían casi de noche (o de noche). Yo compartí agua con un amigo que estaba machacado al lado de la carretera y decidí que intentaría recuperarme en Setenil, y sino, para casa.
No pude apenas comer nada, me acordé de Javi Mulas y me tomé un par de vasos de cocacola, que si bien no me sentaron tan bien como a él y casi me hacen vomitar, al menos me entraron. No pude apenas comer nada, pero al menos si un cuarto de un sándwich, me cambié algo de ropa y seguí para adelante. En el puesto dejé a Miguel, que estaba con muchísimos calambres y dudaba si seguiría. Por mi parte llegué allí a las siete horas y media y salí con ocho horas y cuarto de carrera (45’ que me llevaron a las siete y cuarto de la tarde).
Apenas salí de Setenil el terreno era corrible, si bien con algunas cuestas. Sin embargo yo apenas podía andar. Aquí me vino el bajón más grande. Tuve que pararme 20’ debajo de un olivo a echarme agua por la tripa y por la cabeza. Poco a poco pude andar de nuevo y yo ya sabía que no retiraría por nada del mundo. Todavía me quedaban 40kms, pero también 15 horas para hacerlos.
En algunos momentos volví a correr, con mucha dificultad, hasta llegar al km77, “El Cuartel” allí estaba Paco J., extrañado por no ver a Miguel. Le expliqué que él quizá había abandonado, aunque los dos intuíamos que este hombre era un luchador muy fuerte, y efectivamente ya se había puesto en marcha, después de dos y horas y media de parada en Setenil, ¡fijaros lo que es tomar de nuevo la marcha después de estar allí todo ese tiempo!, ¡eres un monstruo!
Yo llegué al punto km77 a las 22:20 y me marché a las 23:00. Las paradas eran largas, pero creo que hice bien, no estaba la cosa como para apretarme más aún. Cuando salí llevaba ya 12 horas de carrera, y me quedaban otras 12 horas para 23kms. Cene con Paco J. que ya se iba a la cama. Me dio algo de agua fría, que por cierto sabía a rayos (bidón de plástico de ciclista) de la que apenas podía beber.
Calculé que tardaría unas 5 horas más en llegar, sin embargo al final me ahorré una en los últimos kilómetros. Al salir de El Cuartel había una bajada de unos dos kilómetros y enseguida empezaba la cuesta más dura de la carrera, de unos 3kms de subida hasta la Ermita. Aquí fui muy lento, me pasaba todo el mundo. La bajada fue preciosa, mirando desde abajo veías las luces de los corredores bajando la montaña.
Una nueva subida nos llevaba hasta el km 87. Aquí tomé la mejor decisión de la carrera, puesto que me paré en un bar y me senté en su terraza a ver pasar a los corredores, tomándome una cerveza con limón y unas aceitunas, eso si que no me sentó mal. Llevaba ahí unas 14 horas y cuarto de carrera.
Los últimos 10 kms me había costado más de dos horas. La suerte estaba definitivamente echada, mis piernas estaban genial y me puse a correr por la cueva del Gato, por los campos, por los llanos y las subidas. Todo el mundo andando y yo corriendo.La gasolina me duró hasta el km 97. Nuevo bajón, pero ya, a pesar del cuestón llamado de “el cachondeo” (y es que tiene guasa poner un cuestón del 12% de desnivel-calculo yo- y de un kilómetro y medio de largo) dos kilómetros y medio antes de meta. Tardé 20’ en subirlo, pero nuevas fuerzas me vinieron para terminar a tope y muy cerquita de las 16 horas (creo que me pasé quizá uno o dos minutos).
Al llegar apenas pude tomar nada, muchos amigos habían abandonado, otros estaban allí. Aventuras para volver a casa, porque tenía que hacerlo yo solo. No había taxis, pero me acercaron unos amigos.
Creo que en las fotos ha quedado más o menos recogido el día siguiente, con la comida y la vuelta en coche.Una carrera realmente dura, una experiencia terrible a veces, pero de gran compañerismo.
Especial mención también a todos los militares con los que hice parte del trayecto. Al menos en mi parte de la carrera más de la mitad de la gente era militar y fueron unos compañeros extraordinarios en todo momento.
FOTOS