Ya estoy de vuelta de unas pequeñas vacaciones. Me había dejado una semana para Navidad, con la intención de ir a esquiar con la familia. Sofía y yo habíamos esquiado un par de veces y también Guille una vez en Xanadú, pero nuestra habilidad en esquí era bastante escasa.
La idea inicial era ir a Sierra Nevada, pero cuando saqué el cálculo de los precios se escapaba de lo que a mi me parece razonable, y como siempre últimamente no es una cuestión de que tenga el dinero (que afortunadamente si), sino que el "todo lleno" + "precios altos" me jode bastante, y que pretendan cobrarme 2.000 euros por ir cuatro días me parece una pasada (por ejemplo el alojamiento en un apartamento con cama mueble y esas cosas, no os penséis, era unos 200 euros al día, ¡venga ya!).
En La Covatilla (cerca de Béjar, Salamanca) ha sido todo lo contrario: un trato excepcional y un precio razonable (apartamento 75 euros, por ejemplo). El primer día nos encontramos un surtido de ibéricos y una botella de vino fresquita, ¿qué os parece? Como se nota que llevan menos tiempo tratando al turismo y tienen menos demanda.
Hemos esquiado de lujo. No ha sido posible coger profesor porque estaba todo copado, pero yo he ejercido las labores y creo que la cosa se ha dado bastante bien: Guille y Ana salen esquiando razonablemente bien (bajan solos, cojen las perchas, giran sin cuña, etc...), pero con Inés y Sofía la cosa no ha ido tan bien. Ellas se lo toman con más miedo y tampoco las motiva tanto el deporte; de vez en cuando hacían sus escapadas a la cafetería ... y Inés no bajó sola ni una vez, todo el rato conmigo.
Yo no pude esquiar casi nunca a mi bola, pero disfruté mucho, a pesar de que seguramente fui el que más se cayó (ya que iba llevando a cada uno hasta que aprendían, con lo que me caí con todos ellos).
También hubo tiempo para comprarse un buen jamón en Guijuelo, para tomar una buena parrillada y sobretodo para recuperar parte de mi espíritu perdido y que siempre suelo encontrar cuando estoy cerca de lo que más quiero en el mundo.