
Este nuevo Guillermo sabe disfrutar, no me lo puedo creer. ¿Cómo ha sido posible? Toda mi vida acostumbrado a pasarlo mal, a sentirme triste, y ahora, ¿cómo he podido cambiar tanto? Pero fijaros la casualidad de la primera foto del día, es que no me di cuenta que ponía eso, solamente la hice porque me gustó la escultura, pero fijaros lo que pone, ¡qué cosas!
Todavía es pronto, pero ya va para mes y medio que mi vida ha dado un gran giro. No es grande en acontecimientos, nada especial ha pasado, es la percepción de las cosas. Ahora aprovecho hasta los malos momentos, me apuntalo en ellos, los observo y trato de aprender.
Pero hoy no ha sido un día de malos momentos, sino de buenos, muy buenos, de principio a fin.
Día del padre, un día extraño para un padre tan comprometido como yo, que adora tanto a sus hijos (e incluso les odia a veces, que eso tiene el amor) para que quedar con un amigo a correr, pero la cita lo merecía, quedar con un grandíiiiiiismo tipo como es Ppong y quedar para trotar por la sierra es cosa que no se puede perder.
Quedamos en su casa en Collado Villalba, casi en Galapagar, y me da un tour gracioso, amigable, agradable, pulmonar, de piernas, algo grande, genial. Unos 19kms que mi bien ganada periostitis no encuentra motivo especial para la queja, ¡y que se queje!

¡Qué buen tipo es Ppong! Es de las personas a las que hay que acercarse, olerles, tocarles, mirarles, abrazarles porque emana cercanía, sencillez, eres una persona adorable, amigo. Espero nos veamos mucho, nos leamos por mucho, mucho tiempo.
Mirad que reportaje tenemos. Por fin Ppong se puede estar tranquilo sin cámara y esta vez yo hago de fotógrafo.
Llego a casa pronto, apenas las diez y media, recién despiertos me reciben con regalos.

Y nos vamos a desayunar a "Armando" unos buenos cruasanes a la plancha, y de ahí una parte cultural. Nos falla el Instituto fotográfico de Madrid (está cerrado), pero nos topamos con el panteón de Hombres Ilustres, y luego con el Museo Nacional de Antropología, luego la cuesta de Moyano, ya rondando las tres de la tarde, donde me compro un libro que espero devorar urgentemente y que os contaré en breve.
Un aperitivo en esos bares de Atocha que llevan 100 años esperándonos y en los que tan bien te tratan si quieren y quieres.
Luego para casa, unas buenas fabes, siesta (solo, que en eso ya sabéis que sigo mal, y la pobre Sofi, ¿para que se va a echar la siesta conmigo?) y luego pequeño trote toda la familia por el parque de Santander.
Se pueden pedir muchas cosas, claro, pero no serán mejores para mi alma que estas de hoy.
Besos y
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